Queridos amigos, hoy quiero hablar de algo que es tabú, algo que la gente niega, aún sabiendo que es culpable.

Sí, quiero hablar de lo que me ha pasado hoy en el súper de mi pueblo.

Estaba yo guardando cola, detrás de una señora y su hija, vecinas de mi calle, cuando de repente me ha venido un olor que en un principio me pareció como de desagüe.

Y que no he caído en lo que era, demasiado tarde desde luego, hasta que he oído la señora decirle a su hija: ¡tengo la tripa hinchada, debo tener gases!

¿Gases señora? Lo que tiene usted son unas turbulencias que ni el mejor piloto de la mejor compañía aérea sabría estabilizar.

¡Dios mío! Me ha pillado desprevenido y con la boca abierta, he inalado esos gases como si fuera un aerosol para el asma. Claro para no seguir absorbiendo el olor he contenido la respiración, hasta llegar a caja, ya casi en estado “choc” por falta de oxigeno

La Mari, la cajera de toda la vida, me ha dicho: Huy…que mal color te veo. ¿Te encuentras mal?

No Mari, le he contestado, he tenido unos problemas respiratorios.

A lo que ella me ha contestado: será el polen.


Algunos le llaman gases.

Otros flatulencias.

Pero en lenguaje coloquial, y de toda la vida se llaman pedos.

Y lo curioso es que nunca ha sido nadie.